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Si quieres tener éxito en la vida, la esperanza aprendida es la clave. Este concepto se refiere a la capacidad de aprender de experiencias pasadas y utilizar ese conocimiento para mantener la esperanza en el futuro. Se trata optimismo que las cosas mejorarán, aunque parezcan difíciles. La esperanza adquirida es necesaria para cualquier persona que quiera lograr sus objetivos. Es lo que te mantiene en marcha cuando enfrentas contratiempos y te da la fuerza para seguir luchando por lo que crees. Si quieres tener éxito, empieza por aprender a tener esperanza.

Cuando conoció la desesperanza, se dio cuenta de que tiene el poder de dar forma a su propio futuro. Entiendes que no importa lo que suceda en el mundo que te rodea, tienes la capacidad de hacer cualquier cosa por ti mismo. Sabes que si quieres algo lo suficiente, puedes hacerlo. Esta fe te da la fuerza para seguir adelante cuando las cosas se ponen difíciles y te ayuda a mantenerte enfocado en tus metas incluso cuando sería fácil rendirte. Este no es solo un discurso de motivación, es el resultado de comprender la nueva ciencia de la esperanza. Los hallazgos apuntan a dos verdades ineludibles: la esperanza es necesaria y se puede enseñar.

Esta es una habilidad que te ayudará a alcanzar tus metas y hacerlas realidad. Sueños la realidad. Esta es la mentalidad que nos permite mantener la esperanza y motivación, incluso cuando las cosas son difíciles. El viejo dicho dice: «si quieres que algo suceda, haz que suceda». Si bien ciertamente hay algo de verdad en esto, no es toda la historia. La realidad es que mucho de lo que sucede en la vida está fuera de nuestro control. La esperanza aprendida es la creencia de que podemos controlar nuestro futuro y destino inmediatos, incluso cuando las circunstancias hacen que parezca lo contrario.

La esperanza aprendida se basa en un nuevo descubrimiento en la ciencia del cerebro. Los dos investigadores que originalmente acuñaron el término indefensión aprendida, Martín Seligman y Steve Mayer, en los años 60 y 70, publicaron nuevos hallazgos de su trabajo 50 años después, lo que demuestra que su investigación original estaba equivocada.

Cuando pudieron utilizar todos los avances en la ciencia del cerebro y la bioquímica, descubrieron que cuando nos enfrentamos a dificultades, fracasos o decepciones constantes, no miramos hacia atrás para comprender lo que sucedió. El cerebro espera tener el control.

Estos nuevos descubrimientos explican hasta qué punto los malos acontecimientos nos obligan a ser alarmante y pasivo es el predeterminado. Estamos evolutivamente programados para cerrarnos cuando sucede algo malo y duradero. Nos volvemos pasivos porque la evolución nos proporcionó un interruptor que nos apaga para conservar nuestra energía cuando la situación o las circunstancias parecen malas. Para salir de esta, el cerebro evalúa cuándo es posible utilizar nuestra energía para hacer un cambio y hacer realidad la esperanza.

Para la esperanza, esto significa que nuestra propia capacidad para identificar y anticipar controles futuros nos sacará de la crisis. Centrarse en lo que se puede hacer en el futuro en lugar de lo que sucedió en el pasado genera esperanza. Lo más importante es la esperanza de un futuro mejor. Para más información al respecto puedes consultar esta publicación en Infijoy.

Esto afecta directamente de dónde viene la esperanza y cómo aprender a usarla. Lo bien que imaginemos lo que está por venir estará determinado por nuestra motivación. Centrarse en lo que sucedió en el pasado nos obliga a sentarnos en la oscuridad. Cuando nos enfocamos en las posibilidades futuras, podemos pararnos en la luz. El camino en el cerebro descubierto por Mayer y Seligman que regula esta predicción del futuro se llama acertadamente el circuito de la esperanza. Pregunta: ¿Cómo puedes desarrollar una esperanza entrenada? Hay tres pasos.

1. Darse cuenta. La esperanza es la única emoción positiva que necesita de la negatividad o la incertidumbre para activarse. No necesitamos esperanza si todo está bien. Sin embargo, lo más importante que podemos hacer cuando sucede algo negativo o incierto es hacer una pausa. En lugar de dejar que las emociones tomen el control, lo que generalmente hace que nuestro cerebro y luego nuestro cuerpo reaccionen ante una amenaza, hacer una pausa le da un momento para evaluar la situación. ¿Qué siento? ¿Que esta pasando? Puede parecer insignificante, pero hacer una pausa te da autocontrol instantáneo y autorregulación. La clave del éxito es no dejar que las circunstancias dicten tu reacción. Hacer una pausa asegura que estás dando una respuesta considerada en lugar de una reacción instintiva.

2. Puntúalo. Después de hacer una pausa, el siguiente paso es mirar y evaluar la situación y preguntarse qué se necesita hacer exactamente y qué recursos, capacidades y motivación tiene para hacerlo. Es posible que no pueda controlar todo para lograr un cambio, pero descubrir qué cree que puede hacer marcará la diferencia. La fuerza de su fe determinará el alcance de su esperanza.

3. Toma acción. En mi libro Esperanza ganada: el poder vencedor de la positividad depresión, el objetivo de los ejercicios y ejemplos es demostrar que la esperanza es un verbo. Detenerse para preguntarse qué está pasando, qué se debe hacer y qué cree que puede hacer es un gran comienzo. Pero debe actuar, debe hacer algo para poner a prueba su creencia de que tiene el control. Si funciona, entonces ha realizado cambios que hacen avanzar las cosas. Si no, es hora de hacer una pausa nuevamente, recalcular y repetir el proceso. La pausa le permite tomar conciencia de lo que está sucediendo, la evaluación le permite determinar qué se debe hacer y la acción es lo que puede aplicar a la situación. Es un proceso de tres pasos de concientización, evaluación y acción.

Digamos que usted está manejando a una reunión y tiene un neumático pinchado. Puede estar enojado o molesto, puede sentirse derrotado y darse por vencido. Puede culpar a los demás o a usted mismo por el hecho de que nadie ha mirado la hora en mucho tiempo.

Al desarrollar la esperanza aprendida, el primer paso para decidir qué hacer es hacer una pausa y permitirte hacer un balance de la situación. ¿Que esta pasando? ¿Dónde estoy? ¿Qué recursos tengo?

Luego la evaluación: ¿qué hay que hacer? Necesitamos cambiar el neumático y llegar a la reunión. Tengo un gato y un repuesto? ¿Sé cómo hacer esto? ¿Tengo mi teléfono móvil? ¿Conozco a alguien a quien pueda llamar para ayudar?

Finalmente acción. Llamaré a la gasolinera más cercana y vendrán a arreglarlo. Llamaré a la gente para una reunión y les haré saber que estaré allí tan pronto como pueda.

La acción puede ser diferente. Si el encuentro fue crítico, puede llamar a la policía y decirles que su automóvil se descompuso, darles su ubicación e información, y que regresará tan pronto como pueda. Luego puede llamar a un taxi o Uber y decirles que venga un uber y lo lleve a la reunión. Puede decidir que está lo suficientemente cerca del punto de encuentro y conducir por el costado de la carretera para llegar allí. Decida lo que decida, comienza con la conciencia situacional, la evaluación y la acción. La ira, la frustración o la derrota permiten que las circunstancias te definan. Cuando aprendes a concentrarte en lo que crees que puedes hacer, aprendes a usar el poder de la esperanza para hacer que el cambio suceda.

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